Escritores : Marosa di Giorgio
Carlos Pezoa Véliz
Leímos dos poemas de Marosa di Giorgio y Carlos Pezoa Véliz. Analizamos verso a verso, reflexionamos acerca de la realidad de cada autor en relación a su vida, su carácter y su tiempo. Hicimos un paralelismo con la realidad de cada uno, qué sensaciones producen estos autores en estos tiempos y en sus propios tiempos. Hicimos varias interpretaciones, cada uno dio sus opiniones lo que fue muy interesante, ameno y sorprendente, al descubrir cada una de las integrantes propias vivencias, generó debates, profundas reflexiones.
Procedimos a comprender mediante ejemplos la metáfora y comparación, hipérbole, aliteración, anáfora y ritmo, cuyo recurso es el latido del poema, para mi gusto, relación importante con el tema, la llegada inmediata hacia el lector.
Cada integrante ejemplarizó, este fue proceso que produjo hilaridad y a la vez surgió una confrontación de lo creado con la crítica y la autocrítica. A partir de una reflexión detenida se llega a la argumentación y de aquí a la escritura. No preciso de avanzar rápidamente, el objetivo es la reflexión, la lógica del lenguaje, y el placer de leer, en este caso poesía.
Conversamos sobre el surgimiento del lenguaje oral y la invención de la escritura, ya que pensaban que un poeta debía tener buena ortografía.
Comprendieron que todos los materiales para escribir, leer poesía, imaginar está en cada uno de nosotros y de nuestro entorno.
Poema Nada de Carlos Pezoa Veliz
Era un pobre diablo que siempre venía
cerca de un gran pueblo donde yo vivía;
joven rubio y flaco, sucio y mal vestido,
siempre cabizbajo... ¡Tal vez un perdido!
Un día de invierno lo encontramos muerto
dentro de un arroyo próximo a mi huerto,
varios cazadores que con sus lebreles
cantando marchaban... Entre sus papeles
no encontraron nada... los jueces de turno
hicieron preguntas al guardián nocturno:
éste no sabía nada del extinto;
ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto.
Una chica dijo que sería un loco
o algún vagabundo que comía poco,
y un chusco que oía las conversaciones
se tentó de risa... ¡Vaya unos simplones!
Una paletada le echó el panteonero;
luego lió un cigarro; se caló el sombrero
y emprendió la vuelta...
Tras la paletada, nada dijo nada, nadie dijo nada...
cerca de un gran pueblo donde yo vivía;
joven rubio y flaco, sucio y mal vestido,
siempre cabizbajo... ¡Tal vez un perdido!
Un día de invierno lo encontramos muerto
dentro de un arroyo próximo a mi huerto,
varios cazadores que con sus lebreles
cantando marchaban... Entre sus papeles
no encontraron nada... los jueces de turno
hicieron preguntas al guardián nocturno:
éste no sabía nada del extinto;
ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto.
Una chica dijo que sería un loco
o algún vagabundo que comía poco,
y un chusco que oía las conversaciones
se tentó de risa... ¡Vaya unos simplones!
Una paletada le echó el panteonero;
luego lió un cigarro; se caló el sombrero
y emprendió la vuelta...
Tras la paletada, nada dijo nada, nadie dijo nada...



